Hasan al-sabbat soñó un día.
Sé perfectamente que si al humano le doy lo que desea, ese humano será mío. Lo que realmente me apena es el hecho de no haber llegado a esta sencilla solución antes, cuando era joven y mis ambiciones pudieron ser vistas por mí en vida. Ahora deberé de crear una línea sucesoria, me deberé esforzar en modelar pensadores afectos a mí plan. ¡Y eso me llevará un esfuerzo con el que no contaba!
He recapacitado mucho estos últimos meses en estos aposentos lóbregos. Mucho. Ya el hecho de tener preparados a los primeros acólitos significa para mí el paso inicial, el paso crucial de mis sueños. Lo sé perfectamente. Una vez que les mostré el paraíso, sé con total seguridad que lo ansían de nuevo, sé con toda certeza que harán lo que sea para poder volver a él. Incluso darán su vida por mí sin pestañear. ¿Quién es el loco que habiendo saboreado una vez el paraíso se niega a volver a él, aunque para ello deba de sacrificar su vida? ¡Nadie! Y es una pena que esta sencilla revelación fuera vista por mí ya tan tarde, tan avanzado el tiempo en mi cuerpo. Una verdadera pena. Y así, las cosas así ya logradas, no me resisto a que mi obra se pare con mi muerte. ¡He de adiestrar en este sencillo secreto a una serie de dirigentes que serán mis sucesores y que terminarán mi magnífica obra! Pero se hayan ya tan cerca de la mentira casi como yo. La duda, pues, me ronda. ¿Acaso sabrán reconocer el poder de la mentira y del engaño? ¿Acaso sabrán asimilar que mediante la concesión falsaria de sueños uno puede detentar el poder absoluto sobre las personas? ¿Podrán dominarse acaso y no sucumbir bajo la presión de eso que llamamos conciencia? Yo lo he conseguido. Ofrecí a mis acólitos el paraíso en vida y la promesa de volver a él tras su muerte y ya me son obedientes, me son fieles como mi sombra cuando hay luz. Ansío extender esta semilla que acabo de plantar en esta primera generación de acólitos hasta tales magnitudes que con el simple hecho de cerrar los ojos me obedecerán…lo ansío con el deseo de quien sabe que aún no ha logrado finalizar su obra y que se sabe en sus inicios y que se sabe un tanto infeliz por…¿Seré capaz de adiestrar a unos dirigentes que continúen mi obra? ¡Ay, Alá, el que no existe, el que prometió el paraíso que yo sólo he sido capaz de dar, ay, Alá, ayúdame!
p.d.
Alamut era una de las principales fortalezas utilizadas en la Edad Media por la secta chií de los nizaríes. Dominaba un valle en el macizo montañoso de Elburz, al sur del Mar Caspio y en el norte del actual Irán, cerca de la ciudad de Qazvin. El significado del nombre es incierto, aunque la hipótesis más extendida es que etimológicamente significa "nido de águilas".
La fortaleza fue tomada en 1090 por ismailíes dirigidos por el mítico Hasan al-Sabbah, el Viejo de la Montaña. Tras un conflicto con el centro de poder ismailí, el califato fatimí de El Cairo, los ismailíes de Irán se escinden y serán llamados desde entonces nizaríes. Sus enemigos los llamarán despectivamente hashashin, "consumidores de hachís", palabra que ha pasado al castellano como asesino, y ello porque desde Alamut y otras fortificaciones los nizaríes se destacaron por la práctica del homicidio político, hasta el punto de que a pesar de su escaso número aterrorizaron durante siglos a los gobernantes de Irán y Siria.




